El callejón del Infierno
https://www.luzdeltajo.net/lifestyle/articles/4-fantasticas-leyendas-toledo/
Toledo de noche tiene una magia especial que puede convertirse en misterio en el caso de algunas de sus calles y callejones. Es el caso del callejón del Infierno o del callejón del Diablo. Pero ¿a qué se deben esos nombres?
Según narra la leyenda, Felipe Pantoja, un noble cristiano, se encontró con ‘La diablesa’, una bruja toledana, a la que pidió un conjuro para acabar con Samuel, el hombre con el que competía por pretender a Rebeca. Finalmente, gracias al conjuro de ‘la diablesa’, Felipe logró su objetivo y, además deshacerse de su enemigo, que murió a causa del conjuro, logró casarse con la ya conversa Rebeca en la iglesia de San Torcuato.
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https://es.toluna.com/opinions/4051090/Mitos-y-leyendas-de-Toledo.....-El-callejon-del-Infierno.
El Callejón del infierno esta situado en el casco antiguo de To-ledo es una de las calles mas pequeñas y estrechas de To-ledo , la cuarta de España . Mide tan solo 0. 91 centímetros de ancho y su sensación de angustia y pánico en las Noches Frías de invierno y Niebla procedentes del Rio Tajo las hace una de las calles mas aterradoras de este antigua ciudad Medieval.
To-ledo hasta la llegada de los Reyes Católicos era una de las ciudades multi culturales y fuente de poder oculto de todo el planeta. En estos pequeños callejones sin salida ,era muy frecuente citarse con una Poderosa Bruja para pedirle sus favores y sus servicios a cambio de unas cuantas monedas de Oro . En estas citas secretas y clandestinas era muy habitual pedirles pócimas mágicas o conjuros para conseguir : El amor de una persona, Riqueza o la desgracia de tu peor enemigo.
Era tal el poder y sabiduría que se les atribuía a esas mujeres que llegaron a estar en todas las esferas de To ledo y hasta los mismos Reyes contaban con un bruja o adivina para saber el destino de su Reino. Fue con la llegada del Inquisidor Sor Quemada a esta ciudad Imperial donde en un pequeño callejón de To ledo, en una reunión de hombres y solo para hombres , se decidió acabar con ese poder de la mujer.....
En esa reunión se forjaron las bases para crear la llamada “Quema de Brujas”. Donde “solo” en To ledo llego a matar a 2000 mujeres. Entre las mas famosas y crueles muertes de To ledo se pueden encontrar: Leonor Barganza , Catalina Tapia, Mencía Chacón , Catalina Rodríguez, Juana Hernández , Inés del Pozo ,Ana de la Cruz , María de las Cuevas, Isabel Bautista y la ultima mujer en morir en To ledo acusada de brujería fue:Francisca N (1808). Muchas de ellas, han sido pintadas por los mas famosos pintores de la historia, escrito bellos versos sobre ellas ,o dedicadas calles donde vivían en To ledo
Antes de empezar con la historia de esta temible y quería bruja de To ledo, quiero advertir y aclarar.... El Callejón del Diablo solo se puede visitar en fechas señalas y acompañados por guías que representa la historia que abajo voy a relatar. Hay que pedir cita y hora en el ayuntamiento de To ledo. Fue cerrado hace aproximadamente hace 15 años por : la adoración y excesivo fervor hacia esta bruja , llego a provocar: avalanchas, empujones, asfixias dentro del callejón y poner en verdadero peligro a cientos de personas. También fue usado por sectas satánicas para invocar al mismo Satanás, pero los que visitamos las calles de To ledo, sabemos realmente quien puso esa puerta de acero .No fue el ayuntamiento, si no, el mismo Diablo cansado de tantas visitas de tantos mortales molestos ,y solo permite la entrada a su hogar los días que sale al resto del mundo en busca de vuestra alma descarriada y pecadora.
Esta leyenda esta escrita por: Vicente Mena Pérez en la Revista “To ledo”, año 1925, número 215. No ovideis una cosa, Queridas Brujas de To luna. Hay algo mas poderoso que una vieja Bruja, y es...” La astucia y valor de un Mortal luchando por su vida...”
EL CALLEJON DEL INFIERNO...
Fría y dura noche toledana cuando se inicia el mes de las ánimas. En la oscuridad cerrada y cubierta, tan sólo iluminada por escasas lámparas y ténues luces que asoman por las pequeñas ventanas de los hogares, camina con brío el apuesto y joven galán Felipe de Pantoja. Pasa raudo cerca de la catedral descendiendo por angostas calles hacia el Tajo, que con sus oscuras aguas, reflejo de la noche que amenaza lluvia abraza como hace milenios la oscura pesadumbre…
En el paraje que le espera, de amplia y negra vegetación acierta a ver la silueta de la mujer con la que se ha citado, de bellos rasgos muy a pesar de su aspecto y edad. La “Diablesa” la llamaban, bruja toledana donde las haya, temida por muchos y odiada por tantos otros pero socorrida por aquellos, como en el caso de D. Felipe de Pantoja.
A ella se aproxima, no poco temeroso mientras es observado por los ojos que casi todo lo han visto. La mole de San Juan de los Reyes observa la oscura cita, mientras ambos se aproximan al Baño de la Cava, Felipe pregunta:
– Bruja, tu conjuro no ha hecho efecto.
Cortejaba desde hace ya tiempo, no correspondido, a Rebeca, la más bella judía en la ciudad. Ésta, hija de una respetada familia de los descendientes de Samuel Leví amaba claramente a Samuel, joven judío que procedía de ricas familias toledanas. En su desesperación ante el amor no correspondido Felipe acude a “la Diablesa” para poner remedio.
La Diablesa mira con odio al joven cristiano que duda de su buen hacer, respondiéndole:
– Al dar las doce en la torre de San Román rocié con cinco gotas de agua del Arroyo de la Degollada la hoja de higuera, aspiré tres veces espuma del Tajo y con el manto de esmeralda recé cara al oriente por el Marqués de Villena -patrón de los nigromantes-, una oración que aprendí en el viejo libro de los “Espíritus rojos”. No fallé en el conjuro, la suerte está fijada.
Insite el joven Felipe:
– Si así ha sido, me acompañarás esta noche a la judería y observaremos juntos si el conjuro ha tenido su efecto.
Un gran relámpago cruzó la bóveda sobre Toledo acallando la conversación que levemente se escuchaba sobre el Baño de la Cava. La noche se hacía más oscura, y aquella mujer dijo:
– Marchémonos ahora, o los viejos espíritus que por estos parajes rondan se aproximarán a nosotros para conocer qué tramamos.
Así fue y partieron cada cual por su lado, mientras una fría lluvia mecía y arrancaba ricos perfumes de la vegetación que arropaba las orillas del Tajo.
El día siguiente, también con la noche como aliada, caminan Felipe y la bruja por las estrechas calles y cobertizos toledanos, camino de la Judería mayor toledana. Atraviesan las murallas internas de que en ocasiones protegen a ésta comunidad en la propia ciudad, y se aproximan lentamente a una de las mayores y mejores sinagogas presentes en suelo toledano, la ahora llamada de “Santa María la Blanca”.
Cobertizo toledano– Te aseguro que en la Sinagoga no encontrarás a tu rival. El conjuro ya ha hecho su efecto, y si así no ha sido antes de ocultarse la última estrella el judío morirá, decía la bruja mientras acariciaba una dura daga que oculta llevaba.
– ¿Te atreverías?
– De sobra conoces mi valor -dijo la bruja-. Nada impedirá que roben tu amor por Rebeca.
En el silencio de la fría noche se escuchaban los cantos salmódicos del interior de la sinagoga, y al dar éstos fin comenzaron a salir lentamente, todos los que en ella se reunían, partiendo hacia sus moradas. Pudieron distinguir claramente la esbelta silueta de la hermosa Rebeca, acompañada de sus familiares, pero no viendo al rival de Felipe, una sonrisa de satisfacción apareció en los labios secos de la bruja.
El conjuro había hecho su efecto y la bella judía pertenecería de por vida al hidalgo toledano don Felipe de Pantoja.
Esa misma noche encontraron cerca de donde finaliza el barrio judío, contraído el rostro y con los ojos abiertos por el terror el cuerpo de Samuel, pretendiente de Rebeca. Nadie pudo acalarar las causas de la muerte del joven, pues ninguna herida perforaba su cuerpo. El olvido pronto extendió su manto de sombra sobre esta extraña muerte y ésta vióse libre de tan inoportuno enamorado.
Sólo la “Diablesa” estaba en el secreto, y con ella, don Felipe de Pantoja.
La parroquia mozárabe de San Torcuato está vistosamente engalanada; la nobleza y el pueblo de Toledo congréganse bajo sus amplias bóvedas para contemplar el casamiento de la ya conversa Rebeca y el noble don Felipe.
La misma noche de la boda de éste, y en uno de los callejones más oscuros de Toledo, muy próximo a la catedral la “Diablesa” y don Felipe ajustan cuentas. La boda ha tenido un alto precio, la muerte de un joven, pero tan sólo interesa a la bruja las monedas de oro que le reportarán tan horrible conjuro. Presto al intercambio, y en el momento que las monedas tocan la mano de la “Diablesa”, ésta mira intensamente al joven, sonríe y fuertes llamas azulblancas y verdosas consumen repentinamente el cuerpo de la bruja levantando en el estrecho callejón un fuerte viento acompañado de miles de susurros que impulsan a don Felipe contra el suelo, permaneciendo éste arrebujado esperando tener pronta muerte.
La “Diablesa” desaparece y con ella el escándalo terrorífico que ha dejado un intenso olor a azufre en todo el callejón, volviendo la más horrible de las calmas… Don Felipe, creyéndose ya muerto observa su aterrada cara en el reflejo de un charco de la calle, se incorpora y huye ráudo dejando atrás las monedas que rozaron la mano del mismísimo Satán. Desde entonces, y como recuerdo de tan peregrino suceso, dióse el nombre de “callejón del Infierno” al lugar donde acaeció tragedia tan extraña.
Al día siguiente, uno de los ciegos que mendigaban en la puerta del reloj de la catedral cantaba en el Zoco, y al compás de una destemplada mandonlina, el siguiente romance entre el espanto de las viejas beatas curiosas que lo escuchaban, haciéndose cruces y más cruces sobre sus frentes:
“Ayer murió la “Diablesa”
por el fuego consumida;
ayer murió la “Diablesa”,
la de los ojos de oliva;
la “Diablesa”, la “Diablesa”,
del demonio poseída
El Callejón del infierno esta situado en el casco antiguo de To-ledo es una de las calles mas pequeñas y estrechas de To-ledo , la cuarta de España . Mide tan solo 0. 91 centímetros de ancho y su sensación de angustia y pánico en las Noches Frías de invierno y Niebla procedentes del Rio Tajo las hace una de las calles mas aterradoras de este antigua ciudad Medieval.
To-ledo hasta la llegada de los Reyes Católicos era una de las ciudades multi culturales y fuente de poder oculto de todo el planeta. En estos pequeños callejones sin salida ,era muy frecuente citarse con una Poderosa Bruja para pedirle sus favores y sus servicios a cambio de unas cuantas monedas de Oro . En estas citas secretas y clandestinas era muy habitual pedirles pócimas mágicas o conjuros para conseguir : El amor de una persona, Riqueza o la desgracia de tu peor enemigo.
Era tal el poder y sabiduría que se les atribuía a esas mujeres que llegaron a estar en todas las esferas de To ledo y hasta los mismos Reyes contaban con un bruja o adivina para saber el destino de su Reino. Fue con la llegada del Inquisidor Sor Quemada a esta ciudad Imperial donde en un pequeño callejón de To ledo, en una reunión de hombres y solo para hombres , se decidió acabar con ese poder de la mujer.....
En esa reunión se forjaron las bases para crear la llamada “Quema de Brujas”. Donde “solo” en To ledo llego a matar a 2000 mujeres. Entre las mas famosas y crueles muertes de To ledo se pueden encontrar: Leonor Barganza , Catalina Tapia, Mencía Chacón , Catalina Rodríguez, Juana Hernández , Inés del Pozo ,Ana de la Cruz , María de las Cuevas, Isabel Bautista y la ultima mujer en morir en To ledo acusada de brujería fue:Francisca N (1808). Muchas de ellas, han sido pintadas por los mas famosos pintores de la historia, escrito bellos versos sobre ellas ,o dedicadas calles donde vivían en To ledo
Antes de empezar con la historia de esta temible y quería bruja de To ledo, quiero advertir y aclarar.... El Callejón del Diablo solo se puede visitar en fechas señalas y acompañados por guías que representa la historia que abajo voy a relatar. Hay que pedir cita y hora en el ayuntamiento de To ledo. Fue cerrado hace aproximadamente hace 15 años por : la adoración y excesivo fervor hacia esta bruja , llego a provocar: avalanchas, empujones, asfixias dentro del callejón y poner en verdadero peligro a cientos de personas. También fue usado por sectas satánicas para invocar al mismo Satanás, pero los que visitamos las calles de To ledo, sabemos realmente quien puso esa puerta de acero .No fue el ayuntamiento, si no, el mismo Diablo cansado de tantas visitas de tantos mortales molestos ,y solo permite la entrada a su hogar los días que sale al resto del mundo en busca de vuestra alma descarriada y pecadora.
Esta leyenda esta escrita por: Vicente Mena Pérez en la Revista “To ledo”, año 1925, número 215. No ovideis una cosa, Queridas Brujas de To luna. Hay algo mas poderoso que una vieja Bruja, y es...” La astucia y valor de un Mortal luchando por su vida...”
EL CALLEJON DEL INFIERNO...
Fría y dura noche toledana cuando se inicia el mes de las ánimas. En la oscuridad cerrada y cubierta, tan sólo iluminada por escasas lámparas y ténues luces que asoman por las pequeñas ventanas de los hogares, camina con brío el apuesto y joven galán Felipe de Pantoja. Pasa raudo cerca de la catedral descendiendo por angostas calles hacia el Tajo, que con sus oscuras aguas, reflejo de la noche que amenaza lluvia abraza como hace milenios la oscura pesadumbre…
En el paraje que le espera, de amplia y negra vegetación acierta a ver la silueta de la mujer con la que se ha citado, de bellos rasgos muy a pesar de su aspecto y edad. La “Diablesa” la llamaban, bruja toledana donde las haya, temida por muchos y odiada por tantos otros pero socorrida por aquellos, como en el caso de D. Felipe de Pantoja.
A ella se aproxima, no poco temeroso mientras es observado por los ojos que casi todo lo han visto. La mole de San Juan de los Reyes observa la oscura cita, mientras ambos se aproximan al Baño de la Cava, Felipe pregunta:
– Bruja, tu conjuro no ha hecho efecto.
Cortejaba desde hace ya tiempo, no correspondido, a Rebeca, la más bella judía en la ciudad. Ésta, hija de una respetada familia de los descendientes de Samuel Leví amaba claramente a Samuel, joven judío que procedía de ricas familias toledanas. En su desesperación ante el amor no correspondido Felipe acude a “la Diablesa” para poner remedio.
La Diablesa mira con odio al joven cristiano que duda de su buen hacer, respondiéndole:
– Al dar las doce en la torre de San Román rocié con cinco gotas de agua del Arroyo de la Degollada la hoja de higuera, aspiré tres veces espuma del Tajo y con el manto de esmeralda recé cara al oriente por el Marqués de Villena -patrón de los nigromantes-, una oración que aprendí en el viejo libro de los “Espíritus rojos”. No fallé en el conjuro, la suerte está fijada.
Insite el joven Felipe:
– Si así ha sido, me acompañarás esta noche a la judería y observaremos juntos si el conjuro ha tenido su efecto.
Un gran relámpago cruzó la bóveda sobre Toledo acallando la conversación que levemente se escuchaba sobre el Baño de la Cava. La noche se hacía más oscura, y aquella mujer dijo:
– Marchémonos ahora, o los viejos espíritus que por estos parajes rondan se aproximarán a nosotros para conocer qué tramamos.
Así fue y partieron cada cual por su lado, mientras una fría lluvia mecía y arrancaba ricos perfumes de la vegetación que arropaba las orillas del Tajo.
El día siguiente, también con la noche como aliada, caminan Felipe y la bruja por las estrechas calles y cobertizos toledanos, camino de la Judería mayor toledana. Atraviesan las murallas internas de que en ocasiones protegen a ésta comunidad en la propia ciudad, y se aproximan lentamente a una de las mayores y mejores sinagogas presentes en suelo toledano, la ahora llamada de “Santa María la Blanca”.
Cobertizo toledano– Te aseguro que en la Sinagoga no encontrarás a tu rival. El conjuro ya ha hecho su efecto, y si así no ha sido antes de ocultarse la última estrella el judío morirá, decía la bruja mientras acariciaba una dura daga que oculta llevaba.
– ¿Te atreverías?
– De sobra conoces mi valor -dijo la bruja-. Nada impedirá que roben tu amor por Rebeca.
En el silencio de la fría noche se escuchaban los cantos salmódicos del interior de la sinagoga, y al dar éstos fin comenzaron a salir lentamente, todos los que en ella se reunían, partiendo hacia sus moradas. Pudieron distinguir claramente la esbelta silueta de la hermosa Rebeca, acompañada de sus familiares, pero no viendo al rival de Felipe, una sonrisa de satisfacción apareció en los labios secos de la bruja.
El conjuro había hecho su efecto y la bella judía pertenecería de por vida al hidalgo toledano don Felipe de Pantoja.
Esa misma noche encontraron cerca de donde finaliza el barrio judío, contraído el rostro y con los ojos abiertos por el terror el cuerpo de Samuel, pretendiente de Rebeca. Nadie pudo acalarar las causas de la muerte del joven, pues ninguna herida perforaba su cuerpo. El olvido pronto extendió su manto de sombra sobre esta extraña muerte y ésta vióse libre de tan inoportuno enamorado.
Sólo la “Diablesa” estaba en el secreto, y con ella, don Felipe de Pantoja.
La parroquia mozárabe de San Torcuato está vistosamente engalanada; la nobleza y el pueblo de Toledo congréganse bajo sus amplias bóvedas para contemplar el casamiento de la ya conversa Rebeca y el noble don Felipe.
La misma noche de la boda de éste, y en uno de los callejones más oscuros de Toledo, muy próximo a la catedral la “Diablesa” y don Felipe ajustan cuentas. La boda ha tenido un alto precio, la muerte de un joven, pero tan sólo interesa a la bruja las monedas de oro que le reportarán tan horrible conjuro. Presto al intercambio, y en el momento que las monedas tocan la mano de la “Diablesa”, ésta mira intensamente al joven, sonríe y fuertes llamas azulblancas y verdosas consumen repentinamente el cuerpo de la bruja levantando en el estrecho callejón un fuerte viento acompañado de miles de susurros que impulsan a don Felipe contra el suelo, permaneciendo éste arrebujado esperando tener pronta muerte.
La “Diablesa” desaparece y con ella el escándalo terrorífico que ha dejado un intenso olor a azufre en todo el callejón, volviendo la más horrible de las calmas… Don Felipe, creyéndose ya muerto observa su aterrada cara en el reflejo de un charco de la calle, se incorpora y huye ráudo dejando atrás las monedas que rozaron la mano del mismísimo Satán. Desde entonces, y como recuerdo de tan peregrino suceso, dióse el nombre de “callejón del Infierno” al lugar donde acaeció tragedia tan extraña.
Al día siguiente, uno de los ciegos que mendigaban en la puerta del reloj de la catedral cantaba en el Zoco, y al compás de una destemplada mandonlina, el siguiente romance entre el espanto de las viejas beatas curiosas que lo escuchaban, haciéndose cruces y más cruces sobre sus frentes:
“Ayer murió la “Diablesa”
por el fuego consumida;
ayer murió la “Diablesa”,
la de los ojos de oliva;
la “Diablesa”, la “Diablesa”,
del demonio poseída
El callejón del Infierno
Reviewed by Pablo Barroso
on
noviembre 04, 2019
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